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miércoles, 14 de noviembre de 2007

Los tres pilares de la Educación


Es repetitivo y cansino leer en prensa noticias que, con ser verdaderas, no ofrecen sino motivos de controversia y enfrentamiento entre los integrantes de la Comunidad Educativa.
Es evidente que las cifras son claras y reflejan una situación que no nos gusta a nadie. El nivel de motivación de los alumnos, en cifras absolutas, es muy bajo (siempre comparando con otras zonas o Comunidades Autónomas). Pero buscar "culpables" no ayuda a solucionar el problema, si es que lo hay.

Y digo esto porque el hecho de los alumnos no quieran continuar los estudios post-obligatorios no es reflejo de que el nivel educativo sea bajo, sino de que el entorno laboral resulta más atractivo, o las necesidades económicas más acuciantes.

En cambio, el que los alumnos abandonen los estudios sin haber concluido la etapa obligatoria, sí es un mal síntoma. Los medios de comunicación tienen tanto poder de influir en la sociedad, que no sé si son realmente conscientes de ello.

El Sistema Educativo ( o la Educación) es como una mesa con tres patas sobre la que descansa el valor más preciado de toda Sociedad: los jóvenes. Si una de las patas se quiebra, la mesa se tambalea y lo que hay sobre ella cae al suelo. Las tres patas son el Estado, los profesionales y las familias.

El Estado proporciona los recursos necesarios para que la labor de los profesionales pueda llevarse a cabo en las mejores condiciones. Los profesionales tienen la responsabilidad de transmitir los conocimientos necesarios para que los jóvenes se puedan formar eficazmente como personas útiles a la Sociedad. Las familias, por su parte, tienen la esponsabilidad de proporcionar a sus hijos los valores éticos y morales y las habilidades sociales necesarias para una convivencia constructiva y equilibrada.

Cada una de estas responsabilidades no son exclusivas de ninguno de los "pilares" de la Educación. En realidad, cada uno de los tres participa en un pequeño porcentaje de las responsabilidades de los otros.

Actualmente, por motivos que podemos discutir cuando queráis, las familias están sufriendo unos cambios en su estructura, que le hace dificilísimo cumplir con su responsabilidad. O, al menos, en la Comunidad Valenciana es donde más se evidencia esta crisis.

Es labor de las familias concienciar esta responsabilidad y tratar, con toda intensidad, de tener como objetivo primordial la felicidad de sus hijos, que no estriba tanto en los logros materiales como en la estabilidad emocional y en el aprendizaje de los valores propios de toda persona equilibrada.

Evidentemente, no es el único pilar que debe hacer una labor de concienciación de sus responsabilidades, y tanto el Estado como los profesionales también sufren las mismas influencias que hacen que las familias tengan dificultades para asumir su papel.

Es por esto que propongo que no se haga tanto caso a las noticias tendentes a enfrentar entre sí a las patas de la mesa, y tratar de sumar esfuerzos para lograr lo que, por otra parte, todos queremos: una Educación pública de calidad para nuestros jóvenes.

Un saludo y un cuento:


LOS CIEGOS Y LA CUESTIÓN DEL ELEFANTE

Mas allá de Ghor había una ciudad. Todos sus habitantes eran ciegos. Un rey con un cortejo llegó cerca del lugar, trajo su ejército y acampó en el desierto. Tenía un poderoso elefante que usaba para atacar e incrementar el temor de la gente. La población estaba ansiosa por ver al elefante, y algunos ciegos de esta ciega comunidad se precipitaron como locos para encontrarlo. Como no conocían ni siquiera la forma y aspecto del elefante, tentaron ciegamente, para reunir información, palpando alguna parte de su cuerpo. Cada uno pensó que sabía algo porque pudo tocar una parte de él.

Cuando volvieron junto con sus conciudadanos, impacientes grupos se apiñaron a su alrededor. Todos estaban ansiosos, buscando equivocadamente la verdad de boca de aquellos que se hallaban errados. Preguntaron por la forma y aspecto del elefante, y escucharon todo lo que aquellos dijeron.

Al hombre que había tocado la oreja le preguntaron acerca de la naturaleza del elefante. Él dijo:
-Es una cosa grande, rugosa ancha y gruesa como un felpudo.

Y el que había tocado la trompa dijo:
-Yo conozco los hechos reales, es como un tubo recto y hueco, horrible y destructivo.

El que había tocado sus patas dijo:
-Es poderoso y firme como un pilar.

Cada uno había palpado una sola parte de las muchas. Cada uno lo había percibido erróneamente. Ninguno conocía la totalidad: el conocimiento no es compañero de los ciegos. Todos imaginaron algo, algo equivocado.

Shah I. Cuentos de los Derviches. Paidós 1985 pág. 28