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miércoles, 26 de diciembre de 2007

Cuentos de Navidad



Una de mis pasiones ha sido siempre la lectura. Ya de pequeño descubrí que en todo papel escrito hay parte de la esencia de quien lo escribió. Y eso me hacía sentir que no estaba solo. Y comencé a buscar historias, cuentos y relatos que me transportaran a mundos paralelos, situaciones en las que conversaba sin palabras, con emociones, con el personaje o personajes de la historia en cuestión.

Porque, el fin y al cabo, vivir es experimentar emociones -placenteras o no- que mueven la energía que llena nuestro ser. No siempre tenemos la oportunidad de experimentar las emociones oportunas ineractuando con otras personas, y entonces es cuando echamos mano de sustitutos válidos.

Las mascotas suelen ser idóneas para el desarrollo de la emocionalidad de los niños, sobre todo si es un perro, por su gran capacidad de captar y transmitir emociones.

Cuando no se tiene la posibilidad de tener un perro como compañero de juegos, en los momentos de intimidad un libro es el mejor compañero.

La gente que es capaz de transmitir emociones a través de relatos, los escritores, tienen un don que puede aportar mucho bien a la humanidad. Me gustaría que, si tenéis deseos de compartir vuestros relatos, os animéis a compartirlos a través de este blog, o del vuestro propio, para alegría de los que nos gusta leer.

En mis viajes por la red, he encontrado un cuentecito curioso que os ofrezco a continuación.

NAVIDAD O VANIDAD

El 25 de diciembre de 2001 los calendarios de medio mundo sufrieron una metamorfosis incomprensible para la mayoría de los habitantes del planeta. El número 25 aparecía como de costumbre, en gran tamaño y coloreado de rojo, pero en su parte inferior no era NAVIDAD lo que podía leerse, sino algo muy diferente: VANIDAD. Todos los que fueron testigos de aquel fenómeno se rascaron la cabeza al mismo tiempo, como si de una instrucción genética se tratase, aunque nadie supo hallar una respuesta razonable al enigma, lo cual, por otro lado, era lógico, puesto que nada tiene que ver el mundo de los humanos con el de las letras del abecedario.


Todo comenzó a principios de diciembre, cuando la proximidad de las fiestas navideñas impregnaba el ambiente. Durante la primera semana de mes se celebró el último Congreso Alfabético del año, y fue allí donde se gestó el germen de la revolución. "Queridas compañeras", dijo la I cuando le fue otorgado el turno de palabra, "he de manifestar mi más enérgica protesta ante la situación actual. Formo parte de una palabra que ha perdido su contenido, y me niego a seguir el juego. Yo dimito de la palabra NAVIDAD". Las 26 letras asistentes al congreso (la W se encontraba ausente, pues había sido invitada a un congreso de ideogramas japoneses) emitieron murmullos de aprobación las unas y de indignación las otras, mientras que la Z se limitaba a bostezar sonoramente recostada en su sillón. "Para reforzar mi postura y demostrar lo obsoleto del término en cuestión", siguió hablando la I, " propongo como prueba la realización de un desfile de significantes".

Fue la N quien inició el desfile: "nochebuena, nieve y Noel", dijo. Continuó la A, que ofreció "alegría, amistad y aguinaldo". La V, por su parte, vociferó: "verano, vacaciones, viajes y villancico". La D, por último, se dirigió al auditorio diciendo: "domingo, descanso, duermevela y dormitar". Terminadas estas intervenciones, la I tomó aire y recitó de carrerilla: "impresentable, idiota, imbécil, inútil, ingenuo, insensible, iletrado, iluso, imperfecto e ignorante". Los asistentes a tan enérgico alegato permanecieron impávidos e inmóviles en sus asientos tras la retahíla de la I, y nadie se atrevió a respirar.

"Lo que intento decir", continuó la I, "es que si hay alguna palabra que haya perdido su contenido por el camino esa es NAVIDAD. Además, ¿no les parece contradictorio que una raquítica, escuálida y anoréxica I comparta espacio con la D? Mírenla, toda oronda ella, y, por si fuera poco, por partida doble. Ella sí, con su panzudo vientre, es digna de ocupar el lugar que invade, como representante gráfico de las mesas atiborradas de manjares que abundan en estas fechas. Pero yo, ¿qué pinto?".

Las letras se miraban las unas a las otras. La CH hacía corrillo con la LL y buscaban con la mirada a la RR que de tanto en tanto aparecía por allí, por aquello del equilibro de fuerzas. La G con la J, por la simpatía de sonidos; la B y la V mantenían sus tradicionales disputas, y la Ñ aprovechó la ocasión para abandonar sigilosamente la sala y buscar una barra de bar.

"Señoras y señores", iba concluyendo la ponente, "es hora de recapacitar y de hacer un examen de conciencia. Hubo un tiempo en el que decir NAVIDAD tenía un significado, era una evocación, suponía una equivalencia clara con la realidad. Pero hoy, por mucho que nos pese, todo eso se ha perdido. Como bien saben, ‘todo viaja hacia su difuminación’, y nosotras no íbamos a ser menos. Quizá sea hora de efectuar cambios en el equipo y adaptarnos a los nuevos tiempos. Estoy convencida de que otras letras realizarían nuestra función de mejor manera. Y pienso, por ejemplo, en la P de Playstation, de plazos y de pagar; en la C de compras, cajeros, cabalgatas y centros comerciales. En la R, de Reyes, de regalos y, también, de rebajas. En la G, de gastar y Gameboy. O en la misma V de videojuegos y videoconsolas. ¿Me puede alguien decir dónde está el espíritu navideño?

Nadie lo dijo, claro. Y las letras del alfabeto se limitaron a asentir mientras se lamentaban del cariz que habían adquirido los nuevos tiempos, tiempos vanidosos y nada navideños. Y la N y la V pasaron a la acción y decidieron, permutando sus posiciones, dar el primer paso para cambiar el destino.

Oberón

1 comentario:

Puri dijo...

Sí...,al igual que el autor o autora del cuento me consta que muchos de nosotros pensamos que "es hora de recapacitar y hacer un examen de conciencia porque todo viaja hacia la difuminación" de la Navidad. ¿Quiere esto decir que debemos luchar por recuperar la Navidad tal y como la hemos entendido siempre o que, quizás, sea un buen momento,incluso,para elevar nuestro concepto de la Navidad respecto al que siempre hemos tenido? Lo primero que he pensado ha sido:¡Vaya,el materialismo, el consumismo nos ha invadido!..y ha estropesado la Navidad. Pero ..el consumismo no es algo abstracto , el consumismo somos los consumidores y si hemos sido tan inconscientes para apoyarlo,es bueno que nos demos cuenta de sus consecuencias. En definitiva nosotros mismos hemos vendido o cambiado la Navidad por lo que tenemos ahora. Estoy segura que es un buen momento para recapacitar y superar incluso el concepto y nuestra conciencia de lo que Es y representa la Navidad.
Como dice el refrán "No hay mal que por bien no venga"....
Muchas gracias por el cuento:)