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lunes, 23 de noviembre de 2009

Un mundo ideal

Ayer vimos en Ibi "ÁGORA", la última película de Alejandro Amenábar. Me gustó. Mucho. Aunque confieso que el sentimiento que tenía al salir de la sala era de desagrado y rabia al ver reflejadas en ella las maniobras demagógicas que hoy, en España, (bueno, y en todo el mundo) vemos cada día en los distintos informativos de las cadenas de televisión. Y así mismo, en la película vemos cómo los verdaderos ideales, las ansias por saber, por aprender, los esfuerzos de quienes sólo pretenden responder a las trascendentales preguntas que cuestionan nuestro papel en el Universo, son cercenadas en aras de la unidad de pensamiento y la exclusión del diferente, en manos del fanatismo religioso y del miedo al descrédito y a la muerte, y también mezcladas con las pasiones humanas más comunes y eternas: el despecho, el odio, el amor, la envidia...

Hipatia es el ejemplo del Maestro, en su caso Maestra, que no es depositaria de la sabiduría, sino que es la motivadora de la investigación, de la búsqueda de la verdad, tanto a nivel material y físico como ético y filosófico. Y esa motivación es muchas veces más fácil de conseguir entre los que carecen de todo, incluso de libertad (esclavos y plebeyos), que en los que lo tienen todo como los patricios (alta sociedad).

Una motivación de la que en estos días habla Andreas Schleicher, coordinador del informe PISA de la OCDE.

Es cierto que las instalaciones, los instrumentos, las infraestructuras de la escuela son importantes, pero es evidente que es principal factor para el apredizaje es la motivación, la curiosidad, la emoción de descubrir. Y es difícil motivar a los alumnos si los maestros y profesores no están motivados.

Motivar a los maestros y maestras, a los profesores y profesoras, es el objetivo, pues. Y ¿cómo se hace eso? No lo sé. ¿Qué puede hacer una persona para motivarse en su trabajo? En mi caso, me motivo cuando siento y pienso que mi trabajo tiene importancia, que se valora lo que hago, que a pesar de mis errores, se valora más mis éxitos dando oportunidad a mejorar siempre. No sé si esto puede sevir para todo el mundo, pero desde luego el debate y la búsqueda de identidad personal puede ser un camino.

Todos hemos sido alumnos en alguna ocasión, y seguro que recordamos qué actitud tenían nuestros mejores maestros. Esa actitud positiva y considerada con el alumno, es la clave, sean cuales quieran las circunstancias y las infraestructuras. Como dice Adreas Schelicher, la clave está en ilusionar a los alumnos, motivarles a aprender. Y motivarnos todos como lo está Hipatia en la película de Amenábar.

1 comentario:

Basseta dijo...

Una de las cosas que más me alegra es ver lo identificadas que están mis hijas con sus maestros/as del Colegio. A veces vienen con alguna queja (los niños no son tontos y se dan cuenta de las discriminaciones, de las injusticias, por pequeñas que sean), pero entre mi esposa y yo intentamos que comprendan que el maestro tiene razón aunque a ellas les parezca mal algo. Es decir, se trata de hacer valer en el seno familiar el respeto y la consideración de los maestros, en lugar de, como se observa a veces, darles siempre la razón a los niños e, incluso, enfrentarlos a los maestros.