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jueves, 6 de septiembre de 2007

El "negocio" de la Educación


Llega el comienzo del curso escolar, y con ello la cita obligada en las librerías para la compra de los libros de texto. Un esfuerzo económico que representa una media de 250€ por alumno, si no aprovecha libros de harmanos, familiares o amigos -cosa cada día más difícil dado que las editoriales modifican las portadas y envasan los manuales para que no se pueda comprobar su interior-.

Éste es el primer anacronismo que observo en el sistema educativo, aparte, claro está, de lo tocante a las instalaciones dotacionales. El enorme gasto que representa editar libros, malgastando papel que no va a tener más de un año de vida útil, que seguramente acabará en el contenedor del reciclado y, por si fuera poco, sin haber llegado a tratar todo su contenido a final de curso.

Estamos ya inmersos en la era de la informática y no se concibe que los temarios tengan que apoyarse en conceptos impresos en libros, cuando lo acertado sería que cada alumno tuviese en su pupitre un ordenador con el que trabajar los conceptos que fuesen oportunos, según la idiosincrasia del Centro y del maestro o profesor en cuestión, dentro de lo que marque el Proyecto Educativo del Centro (PEC) y la Programación General Anual (PGA).

El caso es que se están destinando recursos a cosas que ya están obsoletas, dejando de lado lo que sí que es realmente interesante, como es la modernización del Sistema Educativo, no sólo en las instalaciones y en el profesorado, sino también con el material curricular que tienen que utilizar los alumnos.

El caso es que, haciendo números, y viendo que las diferentes Administraciones pretenden asumir la exigencia de la gratuidad de los libros de texto, tal vez sería más barato impulsar la adquisición de terminales informáticos, (cada vez más económicos), y distribuir los programas multimedia más adecuados para los distintos niveles y materias. Esto sería un gasto amortizable, y por lo tanto una inversión, no así los libros de texto, que sólo son útiles durante un curso, a lo sumo dos.

Está claro que somos nosotros, los padres de los usuarios y destinatarios de esa Educación los que debemos exigir a los responsables del gasto público que lo hagan de forma que todos nos beneficiemos de él.

Bueno, ésto es el esbozo de una idea que hemos de desarrollar, ¿te apuntas?

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