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jueves, 7 de febrero de 2008

Violencia escolar


Oimos mucho este término últimamente. Y a todos nos parece algo sintomático. Casi siempre refleja el grado de estabilidad o de serenidad de quien la ejerce.

Una de las definiciones de "violento" es: "brusco, muy fuerte o intenso."

Episodios violentos podemos ver en todos los entornos, desde los naturales, hasta los sociales. Hablamos de una violenta tormenta, o de una violenta explosión, etc. El concepto de violencia viene siempre unido a la certeza o posibilidad de causar daño.

En las personas, la violencia adquiere tintes especiales ya que en demasiadas ocasiones la violencia va unida a la "agresividad". Agresividad es: "Tendencia a atacar o actuar con provocación y violencia." La agresividad lleva implícita intencionalidad. Esto es peor: ejercer fuerza e ímpetu para hacer daño.

Quien actúa así, lo hace porque no es capaz de conseguir lo que desea por otros medios. Y además demuestra una falta total de empatía, una gran dificultad para expresar sentimientos y emociones y de detectarlas en los demás.


Estas habilidades sociales son aprendidas y reforzadas durante el período educativo, es decir, desde que nacemos hasta los primeros años de adultos. El ser humano está capacitado para aprender a cuaquier edad, pero es evidente que es más facil aprender durante los primeros años, y que lo aprendido en esa edad es muy difícil modificarlo.

Y es responsabilidad de la familia educar y formar a sus hijos en los valores y habilidades que le ayuden a relacionarse con el resto de la sociedad en base al respeto. Empezando por el respeto a sí mismo.

En el modelo social que estamos construyendo, resulta complicado que las familias ejerzan este papel educador de una forma eficaz. El papel de los progenitores ya no es el adecuado, en muchos casos, para estar con los hijos la mayor parte del tiempo necesario para ser sus referentes. Este papel lo asumen, quieran o no, para bien o para mal, otras personas que, en principio no tienen conciencia de estar representándolo. Los abuelos, otros familiares, las niñeras, las guarderías, los Colegios, etc., muy pocas veces están preparados para "educar" a los niños, y los que lo están no siempre proporcionan el cariño y afecto que les proporcionan sus padres.

Es un problema que solucionaremos con el tiempo, estoy seguro. En cuanto seamos conscientes de su realidad y sus consecuencias. Hará falta que seamos capaces de conciliar la vida laboral y la familiar y que las instituciones dedicadas al cuidado de los niños estén debidamente preparadas con los medios humanos idóneos.


Un niño violento es un niño frustrado, que expresa su deseo de ser respetado de la peor forma. Y sus víctimas también demuestran tener dificultades para evitar y no consentir esa situación. Y el entorno, los demás niños y adultos que presencian los hechos, están igualmente carentes de empatía y sentido de justicia.

El niño que comprueba que con la violencia consigue sus propósitos, reitera sus agresiones, convirtiendo la violencia en acoso escolar o "bulling."

Es necesario prestar mucha atención a los cambios de actitud de nuestros hijos con referencia a la escuela para detectar a tiempo el acoso escolar. Afortunadamente, no es tan frecuente como quieren hacernos ver los medios de comunicación, pero es mejor prevenir con una educación adecuada y con un nivel muy alto de comunicación con los hijos y con el Centro escolar.