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sábado, 1 de marzo de 2008

Cuentos con moraleja



El paradigma de la riqueza


Una vez, un padre de una familia acaudalada llevó a su hijo a un viaje por el campo, con el firme propósito de que éste viera cuán pobre era la gente del campo, que comprendiera el valor de las cosas y lo afortunados que eran ellos.
Estuvieron por espacio de un día y una noche completos en una granja de una familia campesina muy humilde.
Al concluir el viaje y de regreso a casa el padre le pregunta a su hijo:
- Qué te pareció el viaje?...
-¡ Muy bonito Papá ...!
- ¿Viste qué tan pobre y necesitada puede ser la gente?
-¡¡ Si..!!
- ¿Y qué aprendiste..?
- Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cuatro.
Nosotros tenemos una piscina de 25 metros, ellos tienen un riachuelo que no tiene fin.
Nosotros tenemos unas lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas.
Nuestro patio llega hasta el borde de la casa, el de ellos tiene todo un horizonte.
Especialmente Papá, vi que ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia.
Tu y mamá tienen que trabajar todo el tiempo y casi nunca los veo.

Al terminar el relato, el padre se quedó mudo ... y su hijo agregó:
- ¡¡Gracias Papá, por enseñarme lo rico que podríamos llegar a ser...!!



La Tristeza y la Furia

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...


En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas...

Había una vez... un estanque maravilloso. Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la Tristeza y la Furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.

La Furia, apurada (como siempre está la Furia), urgida -sin saber por qué- se bañó rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua...

Pero la Furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró... Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la Tristeza...

Y así vestida de Tristeza, la Furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la Tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque. En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la Tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la Furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la Furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta Furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la Furia, en realidad... está escondida la Tristeza.

1 comentario:

Basseta dijo...

Me quedo con la primera de las dos historias. No es que la segunda no me guste, pero la veo excesivamente metafórica, mientras que la primera es de una desgarradora crudeza.

En la encuesta que propone PROMOIBI para la Participación ciudadana en el ESTUDIO DE INTEGRACIÓN PAISAJÍSTICA DEL SECTOR INDUSTRIAL NP-I7 se hacen estas dos preguntas:

¿Considera necesaria la promoción económica y comercial del municipio
favoreciendo la implantación de nuevas empresas en el mismo?

¿Le parece necesario incrementar el suelo disponible para la instalación de nuevas empresas en el término municipal?

La respuesta del padre sería una y la de su clarividente hijo otra.

Claro ... que se trata de una historia de ficción. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.