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jueves, 17 de abril de 2008

Cuentos sufís


Suelo buscar en los cuentos, mitos y leyendas, historias que me ayuden a aliviar el peso que en mi ánimo se acumula al ver cómo somos las personas, en qué basamos nuestras metas, de qué modo trazamos el camino de nuestras vidas.

Es un método eficaz. Pillas un libro de cuentos, o de un filósofo, o cualquier otra obra que te guste, que te llegue al alma, lo abres al azar después de haber deseado luz y consejo sobre lo que te inquieta, y cuando lees, allí está la respuesta.

Hoy he abierto mi "libro de cuentos sufís" y he encontrado éste. No he buscado más.


El camino de siempre

Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su pastura. Como era un animal irracional, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas.

Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, jefe de un rebaño, que viendo el espacio ya abierto hizo a sus compañeros seguir por allí. Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha y a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa.

Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.

Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y, finalmente, en la avenida principal de una ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque el trayecto era el peor posible.

Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía, al ver que los hombres tienen la tendencia a seguir como ciegos el camino que ya está abierto, sin preguntarse nunca si esa es la mejor elección.


La foto que ilustra la entrada la he tomado de :http://blogs.hoymujer.com/index.php/ies/2008/04/02/

1 comentario:

Basseta dijo...

Dijo una vez Samuel Johnson: "Las cadenas del hábito son demasiado débiles para sentirlas hasta que son demasiado fuertes para romperlas".

Parece que en este mundo agitado de principios de mileno no tenemos tiempo para nosotros mismos, no tenemos tiempo para profundizar, para explorar; queremos resultados rápidos. Tal vez por ello buscamos, muchas veces, que nos digan qué cosas funcionan y tratamos de adoptarlas. Buscamos la receta que sea práctica, cómoda, rápida. No queremos recorrer el camino, sólo llegar a destino.

Pero para darle sentido a nuestra vida y sentir su verdadero es importante empezar a construir y descubrir nuestro propio camino. Valorar y aprender de otros caminos, pero no seguirlos ciegamente.