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domingo, 10 de mayo de 2009

El teatro de Miguel Hernández

Acabo de leer "El labrador de más aire", una de las tres obras de teatro que compuso Miguel Hernández, y que yo no había encontrado aún en mi camino.

No soy lector de mucha poesía, la verdad. Pero no dejo de reconocer el mérito que tiene escribir una obra de teatro en verso. El próximo año se conmemorará el nacimiento de este poeta del pueblo que tantas emociones reflejó en sus obras. No es el teatro su faceta más conocida, pero aún así la considero de tanto mérito como el resto de su obra.

"El labrador de más aire" es un drama en el que se mezclan sentimientos tan diferentes como el amor no correspondido y la altanería de los amos frente a sus súbditos, en un ambiente rústico y campesino de Castilla. Se lee fácil (aunque algunas parrafadas son, tal vez, demasiado largas) y debe ser una gozada poder llevarla a los escenarios.

Transcribo una parte de los diálogos entre Juan (el protagonista masculino), D. Augusto (el cacique), Isabel (su hija) y Encarnación (la prima de Juan):

ESCENA V
Dichos e Isabel


Isabel:
Padre, ¿qué sucede?

Don Augusto:
Este mozo que se engalla
y a mi voluntad no cede
su soberbia

Isabel:
¿Cómo puede?

Juan:
Como cualquiera.

Encarnación:
Juan, calla.

Isabel:
Ignora seguramente
que las tierras que labora
son tuyas, y que su frente
se ha de inclinar obediente
a tus deseos, lo ignora.

Juan:
Cuando los deseos son
de ánimo injusto y violento,
mi frente y mi corazón
no hacen nunca inclinación
de cara o de sentimiento.

Don Augusto:
Yo te cortaré esas alas
de arrogancia que has criado,
por las buenas o las malas,
y acabaré con tus galas,
mozo de surco y arado.

Juan:
Por las buenas tal vez sí.

Don Augusto:
¡Y también por las peores!
Escuchadme, labradores,
a lo que he venido aquí…

1 comentario:

Basseta dijo...

Me encanta el texto que has puesto. Me recuerda alguna conversación que mantuve de joven con algunos "Don Augusto" que querían cortarnos las alas.