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domingo, 27 de abril de 2008

De Pablo Neruda



Hoy me he levantado con ganas de poesía y, como muchas veces hago, a pesar de tener una idea preconcebida del poeta que quería leer y compartir con vosotros, al acercarme a la biblioteca me ha llamado la atención el libro de Pablo Neruda: "Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada".

Y he pensado: "De Neruda no me acordaba... Tal vez encuentre alguna que me llegue hoy a mi corazón de una manera especial."

Pablo Neruda con en poeta Romeo Murga
en la pensión de la calle Mururi, Santiago de Chile. 1921.
Archivo de la Fundación Pablo Neruda. Santiago de Chile.

Como siempre, la primera que he encontrado me ha llegado como un viento cargado de aromas dulces y almizclados. Es la número 20.

Para mí llevaba éste mensaje: aunque ya no deseo lo que he perdido o dejado atrás, tal vez añoro las sensaciones que sentía en aquélla lejana situación y "mi alma no se contenta con haberla perdido".

¿A vosotros qué os dice?


Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.