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martes, 24 de febrero de 2009

Entre todos la mataron...

Voy leyendo algunas noticias y artículos en los periódicos y veo que el tema de la Educación tiene una problemática que se resume en una lucha de poder. Una lucha que tiene dos bandos, y en la que la decisión está en manos de los distintos gobiernos. En realidad, esa decisión, por derecho, debería estar en manos de los gobernados, es decir, de la sociedad en general. Pero, hoy por hoy, en este país de listos los gobernados no tienen la suficiente cultura como para darse cuenta de que en ellos reside el verdadero poder. Y por ello no ejercen. Por dejadez, el poder lo ejercen otros.

Por un lado tenemos el bando de los trabajadores del sector. Representados por sus sindicatos, no tienen otros objetivos que sus demandas de mejora de las condiciones laborales: mejores salarios, mejores entornos laborales, mejores jornadas (con menos horas a poder ser). Todo ello disfrazado, --que no demostrado ni en la teoría ni en la práctica-- de un mejor rendimiento de sus alumnos.

Por otro lado están los usuarios del servicio de Educación, (los alumnos y sus padres) que vemos cómo somos utilizados por unos y por otros para que apoyemos sus diferentes causas sin que nos demos cuenta de que, en realidad, no nos quieren ver por allí.

Ahora, en Andalucía, los sindicatos de enseñanza han convocado una huelga en protesta por el adelanto de una semana del comienzo del curso próximo. Adelanto que fue decidido ante la falta de respuesta para la negociación por parte de los mismos sindicatos. En natural que los asalariados quieran menos horas de duro y fatigoso trabajo. Y, cuando se les pregunta qué se puede hacer para que los resultados de las evaluaciones de los alumnos de 6º Primaria no sean tan escandalosamente bajos, responden que ellos no pueden hacer nada más. Se muestran incapaces. Y lo dicen sin el menor rubor. Y luego, se atreven a decir que la culpa de esos resultados la tenemos los padres y madres porque no estamos implicados. ¡No estamos implicados!

En algo tienen razón. Si los padres y madres estuviésemos más implicados, otro gallo nos cantaría. Seguro que los maestros y profesores se pondrían las pilas y tomarían más interés en su trabajo si los padres ejerciéramos nuestro derecho, que es también nuestro deber y nuestra responsabilidad, de participar totalmente en el funcionamiwento de los Centros Escolares. Participación que no se hace efectiva porque el profesorado no lo quiere. Porque les molestamos con nuestras exigencias, con nuestras preguntas, con nuestra ocupación.

Un porcentaje muy elevado del profesorado, (porcentaje que ronda e incluso supera el 50%, según los declaran algunos profesionales implicados de verdad) sólo se preocupan de su nómina, de asistir a cursos que les aumentes los sexenios, los trienios, los méritos para aumentar su nómina, dan su clase sin ningún interés por transmitir los conocimientos que posean (que a menudo son nulos) y no soportan a sus alumnos. Eso es sabido por todo el colectivo. ¡No se me rasgue nadie las vestiduras!

A los Institutos llegan los niños con un gran déficit en conocimientos y en actitudes ante el estudio y ante la vida. Gran parte de la responsabilidad de estos déficits recae en los padres, porque es nuestra la responsabilidad para con nuestros hijos. Pero el profesorado en general ha de asumir la parte que le toca que es mucha también. Porque no saben, ni quieren saber --y muchas veces ni lo intentan-- cómo hacer para implicar a los padres en la tarea educativa. Ellos saben que para lograr eso deben ellos mismos implicarse más allá de lo estrictamente laboral. El trabajo educativo tiene un componente mayoritario de vocación. De ese componente carece la mayoría del profesorado. Para implicar a los padres se necesita traerlos al Colegio. Y los padres podemos ir, casi siempre, cuando acaba nuestra jornada. ¿Cuántos docentes están dispuestos a reunirse con los padres en horas o días no lectivos? Eso es implicación. No se puede exigir profesionalmente, pero sí vocacionalmente.

El problema educativo salpica a toda la sociedad. Nadie parece dispuesto a ceder un ápice en sus premisas y en sus posiciones. Se requiere de grandes profesionales, implicados de verdad, en los primeros años de la escolaridad. Esos primeros años son decisivos. Y sin embargo, desde las administraciones y desde los sidicatos, no se vé de la misma forma. Los mejores sueldos, para los mejores profesionales. Y esto debe ser evaluado. A los profesores y maestros no se les evalúa. Un docente cuya clase suspende en un 30%, no debe ser considerado, profesionalemente, igual que otro cuyo grupo supera el 85% de aprobados, y que muestra interés por aprender más. Pero, claro; ésto los sindicatos no quieren ni oirlo.

Un director que cree que el Colegio o el Instituto es "su" Centro, "su cortijo", y que nadie tiene derecho a decirle lo que tiene que hacer, no es un buen director. Entre sus funciones y atributos está el favorecer la participación de toda la comunidad escolar en los términos que indican las leyes, que no voy a relatar aquí y que están a disposición de todo el mundo que tenga interés. En un Centro educativo, enseguida se sabe qué tipo de dirección hay cuando se ven los resultados académicos y el ambiente entre los padres y los profesores.

Falta hace, desde luego, que los padres nos impliquemos más, y nos interesemos más de lo que está pasando en el Centro al que acuden nuestros hijos. Es la etapa más importante en la vida de los niños y niñas, y muchas veces no sabemos con quién los estamos dejando.

6 comentarios:

Basseta dijo...

Creo que tienes toda la razón. Son las verdades del barquero, las que nadie quiere oir, lo que nadie quiere reconocer, lo que resulta difícil de probar, pero ahí está y nadie lo niega en privado aunque en público todo el mundo se haga el sueco.

¿Sabes lo más gracioso? Que a los niños no los engañan. Podría contar varias anécdotas como ejemplo. Un día se les dice a los niños que con ocasión de tal o cual actividad, saldrán de excursión, subirán a tal ermita, harán un taller de esto o de lo otro, etc. Los niños acuden ese día entusiasmados con las promesas recibidas y se llevan un chasco: no subimos a la ermita porque hay una cuesta muy larga, no hay taller porque no nos hemos acordado de comprar este ingrediente, ... al final ... todos a jugar al parque mientras ellos (se refieren a los profesores) están hablando, fumando y tomando café.

maestro y padre dijo...

Sr. "Juan Palomo":
"Yo me lo guiso, yo me lo como". No entiendo este artículo lleno de barbaridades. ¿Realmente piensas que los maesros no queremos ver por los colegios a padres y alumnos? ¿Cómo te atreves a decir que la mitad de los profesores ni tenemos interés, ni soportamos a los alumnos, ni tenemos conocimentos? El estudio científico está basado en dos amiguetes tuyos que sí son profesionales de verdad, sí se lo toman en serio, ellos sí, el resto del mundo no. ¡Qué pena! Pero para qué vas a decir, "yo creo", "pienso"; no, nada de eso, afirmas categóricamente sin el menor resquicio a la duda.
¿La mayoría de profesores no tenemos vocación? Supongo que cuando lleves a tus hijos al médico le dirás que te dé hora especial porque no puedes dejar el trabajo, o el coche al taller, o a la peluquería, o el fontanero, o a la biblioteca,... ¡Qué poca vocación tienen esos profesionales si no trabajan fuera de su horario! ¿Para qué vas a perder una hora de trabajo interesándote por la educación de tus hijos?
En fin, los profesionales tenemos que asumir nuestra responsabilidad pero no se puede atacar tan grave y gratuitamente en base a la opinión propia y de dos amiguetes, que sí están implicados de verdad. Menos mal que también soy padre, y como padre lo hago muy bien, según el artículo.
Para finalizar, el comentario de Basseta no tiene desperdicio. Afirma todo lo anterior y además pone un ejemplo de lo más meridiano y alejado de la realidad. En fin, sólo le diré una cosa: un par de amiguetes míos, políticos y abogados muy comprometidos y vocacionados, me han dicho que todos los políticos-abogados son corruptos.. todos menos ellos dos, claro!
Un saludo

Claudio dijo...

Estimado maestro y padre,

En primer lugar quiero agradecerte tu intervención. En realidad la esperaba. El tono de mi entrada ha esta un poco fuerte esperando provocar la participación en este debate entorno a la educación que me gustaría emprender.

También quiero pedirte disculpas a tí, y a los que como tú (por lo que deduzco en tu comentario) sí os tomáis en serio vuestra profesión, tenéis vocación de maestros, queréis a vuestros alumnos y aceptáis e incluso fomentáis la participación de los padres y las madres en el desarrollo de la tarea educativa de vuestro Centro. Está claro que no tengo más que apoyar vuestra tarea y dedicación.

Lamentablemente, aunque tú no quieras admitirlo, esa actitud tuya no abunda en el mundo docente. Es más abundante entre los maestros y maestras, es verdad. Pero entre los profesores es más escaso. Tú lo sabes, porque lo vives, y sabes de actitudes que no son las correctas. Igual que yo sé que entre los padres hay muchos que no tienen la actitud correcta. Unos y otros necesitamos que nos despierten, que nos muestren cuál es la actitud correcta para conseguir que la Educación en nuestro país mejore día a día. Y la mejor manera de conseguirlo es mediante la participación.

Lo que he dicho y digo ahora no lo digo con afán de agresión, sino como una llamada de atención hacia toda la comunidad educativa para que nos demos cuenta de que la responsabilidad es de todos.

Una vez más, gracias por tu intervención.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

"Un docente cuya clase suspende en un 30%, no debe ser considerado, profesionalemente, igual que otro cuyo grupo supera el 85% de aprobados, y que muestra interés por aprender más."

Pues nada, eso tiene fácil solución. ¡A aprobar, a aprobar, hasta enterrarlos en el mar ...!

JJ dijo...

Claudio:
aterrizo en tu blog a través de comentarios en el blog de Mariano Enguita. Siempre es positivo observar y participar en debates sobre educación, aunque sea desde perspectivas divergentes, como podrás ver:
Soy profesor de Matemáticas, y en contra de lo establecido, opino que la educación no tiene solución (para los que creen que tiene algún problema). Para mí la cuestión crucial es la de la elección de los contenidos, pues si se quiere una educación integradora los actuales no son válidos, porque mantienen la finalidad tradicional de preparar del mejor modo a los mejores. Sin un cambio en los contenidos (que no sé si sería suficiente) seguirá habiendo las tasas actuales de fracaso y abandono. Un saludo, no me extiendo más. Espero volver otro día por aquí para seguir debatiendo.

Claudio dijo...

Muy interesante tu blog, JJ. Gracias por tu comentario. No todo el mundo anda con ganas de escuchar (o leer) de forma activa y positiva, aunque se trate de críticas.

A mi modo de ver, la Educación está siempre en crisis, siempre está y estará necesitada de cambios y adaptación a la cambiante sociedad a la que trata de servir. Porque se trata de un servicio, como la Sanidad y la Justicia. Sólo que la Sanidad y la Justicia tratan de paliar efectos pasados y la Educación trata de prever causas futuras. Se trata de preparar a los alumnos para un mundo que cambia cada vez más rápido. Tarea difícil en la que no se puede uno dormir en los laureles.

Gracias a los que tenéis iniciativas positivas y constructivas. Vuestros alumnos/as os lo agradecen cada día.